Título original: Seven Pounds
Traducción comercial: Siete almas
Traducción: Siete libras
Traducción alternativa: Siete kilos
Sobre el título:
(Continúa)
En El Mercader de Venecia de Shakespeare, Antonio debía cortarse una libra de carne por sus deudas contraídas. Para cancelar la suya el protagonista de la película ofrece literalmente a siete personas diferentes sus siete libras de carne, donando siete órganos.
Conclusión:
1 libra equivale a 0,45359237 kilogramos, pero dado que su uso es simbólico pueden tomarse como iguales para la traducción.
El problema con la traducción comercial es que, si bien cada libra se refiere a una persona en particular, el alma precisamente carece de peso; es decir, de la materialidad tiránica de los órganos. Podría ser "almas" si se utiliza la acepción rusa, donde se la usaba como término de medida, a razón de cantidad de almas (de siervos) por granja.
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sábado, enero 16, 2010
jueves, enero 14, 2010
Avatar (2009)
Mediocre
A Marine in an Avatar body? Gives me the goosebumps!
Una película sin guión es como un hombre sin espina dorsal. Al igual que su protagonista, Avatar avanza en silla de ruedas: los efectos especiales. No llega lejos.
Para empezar, la selva de Pandora no es el mejor ambiente de los últimos años. Son reproducciones en masa de los cuadros de Roger Dean con un poco de Jurassic Park. Las criaturas son iguales a las nuestras pero con más patas, más ojos y más resbalosos. La marca distintiva es que todo es más grande y más fosforescente. ¿Alguien recuerda Batman y Robin?
(Continúa)
Los personajes tampoco se salvan.
“Avatar” es una hermosa palabra hindú que significa la manifestación terrenal de un dios, en especial Vishnú; es tradicional representar a este dios con la piel de color azul. Luego Cameron debe haber confundido, al revés que Colón, a los hindúes con los indios: por eso la parfernalia indígena. Para finalizar les agregó una cola. Ése fue todo el desarrollo de los Na’vi.
No obstante los nativos son originales en comparación con los terráqueos, que se dividen en dos grupos: los buenos científicos y los malos militares, que a su vez responden a una corporación sin escrúpulos. Por supuesto los buenos no son científicos estrictamente, porque no hacen ciencia sino diplomacia; son sólo boy-scouts con guardapolvo.
Los militares (no los científicos) buscan un recurso natural que es sólo un recurso del guión, toscamente tallado. Ni hablar de los personajes secundarios: a uno le dicen que se quede en la nave, que lo van a necesitar, y no vuelve a aparecer; a otro lo tildan de envidioso al comienzo de la película y luego se camufla en la intrascendencia; la tribu se disfraza de buen salvaje.
Pero lo peor de la película es la evasión de toda problemática latente. Por más que el protagonista tenga un gemelo muerto y además conduzca un na’vi artificial, no se ahondan ni el tema del doble, ni el desdoblamiento, ni los trastornos por falta de sueño, ni la realidad virtual, ni la naturaleza del alma. Asimismo carece de conflicto que el protagonista sincronice de forma tan perfecta con su doble de riesgo. ¿Alguien recuerda Evangelion?
El tema problemático por excelencia, la sexualidad, es monodimensional. La escena de sexo a mitad de la película es demasiado romanticona y edulcorada; queda la duda si el protagonista habrá tenido o no un orgasmo dentro de su cama solar. Luego, cuando la película alcanza su clímax y una giganta azul acaricia a un enano paralítico, el erotismo freak resultante se borra con el codo cuando un minuto más tarde le cambian sin más el cuerpo al protagonista.
La toma final no es más que un cliché encadenado a otros clichés, que desde el comienzo de la película le dictan al espectador lo que va a ocurrir. El interés por la trama finaliza a los pocos minutos si uno vio con anterioridad El Último Samurai, o Danza con Lobos, o Pocahontas. Claro que ninguna de éstas fue en su momento la película más cara de la historia.
¿La cantidad de dinero invertido en la producción de una película debe influir en su crítica? Es difícil responder en un marco general; pero en este caso particular, sí. Avatar es lo peor que puede ser una película: mediocre. Las películas simplemente malas hacen reír; las mediocres, en cambio, sobran.
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A Marine in an Avatar body? Gives me the goosebumps!
Una película sin guión es como un hombre sin espina dorsal. Al igual que su protagonista, Avatar avanza en silla de ruedas: los efectos especiales. No llega lejos.
Para empezar, la selva de Pandora no es el mejor ambiente de los últimos años. Son reproducciones en masa de los cuadros de Roger Dean con un poco de Jurassic Park. Las criaturas son iguales a las nuestras pero con más patas, más ojos y más resbalosos. La marca distintiva es que todo es más grande y más fosforescente. ¿Alguien recuerda Batman y Robin?
(Continúa)
Los personajes tampoco se salvan.
“Avatar” es una hermosa palabra hindú que significa la manifestación terrenal de un dios, en especial Vishnú; es tradicional representar a este dios con la piel de color azul. Luego Cameron debe haber confundido, al revés que Colón, a los hindúes con los indios: por eso la parfernalia indígena. Para finalizar les agregó una cola. Ése fue todo el desarrollo de los Na’vi.
No obstante los nativos son originales en comparación con los terráqueos, que se dividen en dos grupos: los buenos científicos y los malos militares, que a su vez responden a una corporación sin escrúpulos. Por supuesto los buenos no son científicos estrictamente, porque no hacen ciencia sino diplomacia; son sólo boy-scouts con guardapolvo.
Los militares (no los científicos) buscan un recurso natural que es sólo un recurso del guión, toscamente tallado. Ni hablar de los personajes secundarios: a uno le dicen que se quede en la nave, que lo van a necesitar, y no vuelve a aparecer; a otro lo tildan de envidioso al comienzo de la película y luego se camufla en la intrascendencia; la tribu se disfraza de buen salvaje.
Pero lo peor de la película es la evasión de toda problemática latente. Por más que el protagonista tenga un gemelo muerto y además conduzca un na’vi artificial, no se ahondan ni el tema del doble, ni el desdoblamiento, ni los trastornos por falta de sueño, ni la realidad virtual, ni la naturaleza del alma. Asimismo carece de conflicto que el protagonista sincronice de forma tan perfecta con su doble de riesgo. ¿Alguien recuerda Evangelion?
El tema problemático por excelencia, la sexualidad, es monodimensional. La escena de sexo a mitad de la película es demasiado romanticona y edulcorada; queda la duda si el protagonista habrá tenido o no un orgasmo dentro de su cama solar. Luego, cuando la película alcanza su clímax y una giganta azul acaricia a un enano paralítico, el erotismo freak resultante se borra con el codo cuando un minuto más tarde le cambian sin más el cuerpo al protagonista.
La toma final no es más que un cliché encadenado a otros clichés, que desde el comienzo de la película le dictan al espectador lo que va a ocurrir. El interés por la trama finaliza a los pocos minutos si uno vio con anterioridad El Último Samurai, o Danza con Lobos, o Pocahontas. Claro que ninguna de éstas fue en su momento la película más cara de la historia.
¿La cantidad de dinero invertido en la producción de una película debe influir en su crítica? Es difícil responder en un marco general; pero en este caso particular, sí. Avatar es lo peor que puede ser una película: mediocre. Las películas simplemente malas hacen reír; las mediocres, en cambio, sobran.
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domingo, diciembre 13, 2009
miércoles, diciembre 09, 2009
5 Top 5
5 grandes masacres (de uno contra todos)
5. Bill Munny en la escena del bar (Clint Eastwood en Unforgiven)
4. Nikolai en la escena del sauna (Viggo Mortensen en Eastern Promises)
3. Dae-su Oh en la escena del pasillo (Min-sik Choi en Oldboy)
2. Eli en la escena de la pileta (Lina Leandersson en Let The Right One In)
(Continúa)
1. EVA 02 en la escena contra los EVA en serie (en The End of Evangelion)

5) Si sos Clint Eastwood no vale; 4) Si Viggo hubiera estado vestido no tendría tanta gracia; 3) Es como McGyver con un martillo; 2) La perspectiva es lo mejor; 1) Aria para la cuerda de sol
Quedaron afuera:
El T-Rex en la escena final (en Jurassic Park), Tony Montana en la escena final (Al Pacino en Scarface), Neo en la escena contra los Smith (Keanu Reeves en The Matrix Reloaded), salvo que no los mata.
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5. Bill Munny en la escena del bar (Clint Eastwood en Unforgiven)
4. Nikolai en la escena del sauna (Viggo Mortensen en Eastern Promises)
3. Dae-su Oh en la escena del pasillo (Min-sik Choi en Oldboy)
2. Eli en la escena de la pileta (Lina Leandersson en Let The Right One In)
(Continúa)
1. EVA 02 en la escena contra los EVA en serie (en The End of Evangelion)
5) Si sos Clint Eastwood no vale; 4) Si Viggo hubiera estado vestido no tendría tanta gracia; 3) Es como McGyver con un martillo; 2) La perspectiva es lo mejor; 1) Aria para la cuerda de sol
Quedaron afuera:
El T-Rex en la escena final (en Jurassic Park), Tony Montana en la escena final (Al Pacino en Scarface), Neo en la escena contra los Smith (Keanu Reeves en The Matrix Reloaded), salvo que no los mata.
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Miércoles/Top 5
lunes, diciembre 07, 2009
viernes, noviembre 20, 2009
In search of wine. In search of women. In search of themselves.
Sideways, de Alexander PayneVer Post Completo
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Viernes/Posters
jueves, noviembre 19, 2009
¿Hay una historia?
¿Hay una historia? Si hay una historia empieza hace tres años. En abril de 1976, cuando se publica mi primer libro, él me manda una carta. Con la carta viene una foto donde me tiene en brazos: desnudo, estoy sonriendo, tengo tres meses y parezco una rana. A él en cambio, se lo ve favorecido en esa fotografía: traje cruzado, sombrero de ala fina, la sonrisa campechana: un hombre de treinta años que mira el mundo de frente. Al fondo, borrosa y casi fuera de foco, aparece mi madre, tan joven que al principio me costó reconocerla.
La foto es de 1941; atrás él había escrito la fecha y después, como si buscara orientarme, transcribió las dos líneas del poema inglés que ahora sirve de epígrafe a este relato. No hubo otra tragedia en la historia de mi familia; ningún otro héroe digno de ser recordado. (Continúa) Varias versiones circulaban en secreto, confusas, conjeturales. Casado con una mujer de fortuna, mujer que llevaba el increíble nombre de Esperancita y de la que se decía que era delicada del corazón y que siempre dormía con la luz encendida y que en sus horas de melancolía rezaba en voz alta para que Dios pudiera oírla, el hermano de mi madre había desaparecido a los seis meses de matrimonio llevándose todo el dinero de su señora esposa para irse a vivir con una bailarina de cabaret de sobrenombre Coca. Con perfecta calma, sin perder su helada cortesía, Esperancita denunció el robo, movió influencias, hasta lograr que la policía lo encontrara, unos meses después, viviendo a todo tren y con nombre supuesto en un hotel de Río Hondo.
Me acuerdo de los recortes de diarios donde se hablaba del caso, escondidos en un cajón más o menos secreto del ropero, el mismo en el que mi padre guardaba Fisiología de las pasiones y mecánica sexual del profesor T. E. Van de Velde, autor de El matrimonio perfecto, y el libro de Engels sobre El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, junto con cartas, papeles y documentos diversos, entre ellos mi propia partida de nacimiento. Después de complicadas operaciones que ocupaban las siestas de mi infancia yo abría el cajón y en secreto espiaba los secretos de aquel nombre del que todos, en casa, hablaban en voz baja. Convicto y confeso decía (me acuerdo) uno de los titulares y siempre me emocionaba ese título, como si aludiera a acciones heroicas y un poco desesperadas. “Convicto y confeso”: repetía y me exaltaba porque no entendía bien el significado de las palabras y pensaba que convicto quería decir invencible.
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La foto es de 1941; atrás él había escrito la fecha y después, como si buscara orientarme, transcribió las dos líneas del poema inglés que ahora sirve de epígrafe a este relato. No hubo otra tragedia en la historia de mi familia; ningún otro héroe digno de ser recordado. (Continúa) Varias versiones circulaban en secreto, confusas, conjeturales. Casado con una mujer de fortuna, mujer que llevaba el increíble nombre de Esperancita y de la que se decía que era delicada del corazón y que siempre dormía con la luz encendida y que en sus horas de melancolía rezaba en voz alta para que Dios pudiera oírla, el hermano de mi madre había desaparecido a los seis meses de matrimonio llevándose todo el dinero de su señora esposa para irse a vivir con una bailarina de cabaret de sobrenombre Coca. Con perfecta calma, sin perder su helada cortesía, Esperancita denunció el robo, movió influencias, hasta lograr que la policía lo encontrara, unos meses después, viviendo a todo tren y con nombre supuesto en un hotel de Río Hondo.
Me acuerdo de los recortes de diarios donde se hablaba del caso, escondidos en un cajón más o menos secreto del ropero, el mismo en el que mi padre guardaba Fisiología de las pasiones y mecánica sexual del profesor T. E. Van de Velde, autor de El matrimonio perfecto, y el libro de Engels sobre El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, junto con cartas, papeles y documentos diversos, entre ellos mi propia partida de nacimiento. Después de complicadas operaciones que ocupaban las siestas de mi infancia yo abría el cajón y en secreto espiaba los secretos de aquel nombre del que todos, en casa, hablaban en voz baja. Convicto y confeso decía (me acuerdo) uno de los titulares y siempre me emocionaba ese título, como si aludiera a acciones heroicas y un poco desesperadas. “Convicto y confeso”: repetía y me exaltaba porque no entendía bien el significado de las palabras y pensaba que convicto quería decir invencible.
Ricardo Piglia: Respiración Artificial
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Jueves/Comienzos
jueves, mayo 14, 2009
In a hole in the ground
In a hole in the ground there lived a hobbit. Not a nasty, dirty, wet hole, filled with the ends of worms and an oozy smell, nor yet a dry, bare, sandy hole with nothing in it to sit down on or to eat: it was a hobbit-hole, and that means comfort.
(Continúa)
It had a perfectly round door like a porthole, painted green, with a shiny yellow brass knob in the exact middle. The door opened on to a tube-shaped hall like a tunnel: a very comfortable tunnel without smoke, with panelled walls, and floors tiled and carpeted, provided with polished chairs, and lots and lots of pegs for hats and coats—the hobbit was fond of visitors. The tunnel wound on and on, going fairly but not quite straight into the side of the hill—The Hill, as all the people for many miles round called it—and many little round doors opened out of it, first on one side and then onanother. No going upstairs for the hobbit: bedrooms, bathrooms, cellars, pantries (lots of these), wardrobes (he had whole rooms devoted to clothes), kitchens, dining-rooms, all were on the same floor, and indeed on the same passage. The best rooms were all on the left-hand side (going in), for these were the only ones to have windows, deep-set round windows looking over his garden, and meadows beyond, sloping down to the river.
This hobbit was a very well-to-do hobbit, and his name was Baggins. The Bagginses had lived in the neighbourhood of The Hill for time out of mind, and people considered them very respectable, not only because most of them were rich, but also because they never hadany adventures or did anything unexpected: you could tell what a Baggins would say on any question without the bother of asking him. This is a story of how a Baggins had an adventure, and found himself doing and saying things altogether unexpected. He may have lost the neighbours" respect, but he gained—well, you will see whether he gained anything in the end.
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(Continúa)
It had a perfectly round door like a porthole, painted green, with a shiny yellow brass knob in the exact middle. The door opened on to a tube-shaped hall like a tunnel: a very comfortable tunnel without smoke, with panelled walls, and floors tiled and carpeted, provided with polished chairs, and lots and lots of pegs for hats and coats—the hobbit was fond of visitors. The tunnel wound on and on, going fairly but not quite straight into the side of the hill—The Hill, as all the people for many miles round called it—and many little round doors opened out of it, first on one side and then onanother. No going upstairs for the hobbit: bedrooms, bathrooms, cellars, pantries (lots of these), wardrobes (he had whole rooms devoted to clothes), kitchens, dining-rooms, all were on the same floor, and indeed on the same passage. The best rooms were all on the left-hand side (going in), for these were the only ones to have windows, deep-set round windows looking over his garden, and meadows beyond, sloping down to the river.
This hobbit was a very well-to-do hobbit, and his name was Baggins. The Bagginses had lived in the neighbourhood of The Hill for time out of mind, and people considered them very respectable, not only because most of them were rich, but also because they never hadany adventures or did anything unexpected: you could tell what a Baggins would say on any question without the bother of asking him. This is a story of how a Baggins had an adventure, and found himself doing and saying things altogether unexpected. He may have lost the neighbours" respect, but he gained—well, you will see whether he gained anything in the end.
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Jueves/Comienzos
lunes, mayo 11, 2009
Of the superhero mythology
Bill: As you know, l'm quite keen on comic books. Especially the ones about superheroes. I find the whole mythology surrounding superheroes fascinating. Take my favorite superhero, Superman. Not a great comic book. Not particularly well-drawn. But the mythology... The mythology is not only great, it's unique.
The Bride: [who still has a needle in her leg] How long does this shit take to go into effect?
Bill: About two minutes, just long enough for me to finish my point. Now, a staple of the superhero mythology is:
(Continúa)
there's the superhero and there's the alter ego. Batman is actually Bruce Wayne, Spider-Man is actually Peter Parker. When that character wakes up in the morning, he's Peter Parker. He has to put on a costume to become Spider-Man. And it is in that characteristic Superman stands alone. Superman didn't become Superman. Superman was born Superman. When Superman wakes up in the morning, he's Superman. His alter ego is Clark Kent. His outfit with the big red "S", that's the blanket he was wrapped in as a baby when the Kents found him. Those are his clothes. What Kent wears - the glasses, the business suit - that's the costume. That's the costume Superman wears to blend in with us. Clark Kent is how Superman views us. And what are the characteristics of Clark Kent. He's weak... he's unsure of himself... he's a coward. Clark Kent is Superman's critique on the whole human race. Sorta like Beatrix Kiddo and Mrs. Tommy Plimpton.
The Bride: Aso. The point emerges.
Bill: You would've worn the costume of Arlene Plimpton. But you were born Beatrix Kiddo. And every morning when you woke up, you'd still be Beatrix Kiddo. Oh, you can take the needle out.
The Bride: [does so] Are you calling me a superhero?
Bill: I'm calling you a killer. A natural born killer. You always have been, and you always will be. Moving to El Paso, working in a used record store, goin' to the movies with Tommy, clipping coupons. That's you, trying to disguise yourself as a worker bee That's you tryin' to blend in with the hive. But you're not a worker bee. You're a renegade killer bee. And no matter how much beer you drank or barbecue you ate or how fat your ass got, nothing in the world would ever change that.
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The Bride: [who still has a needle in her leg] How long does this shit take to go into effect?
Bill: About two minutes, just long enough for me to finish my point. Now, a staple of the superhero mythology is:
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there's the superhero and there's the alter ego. Batman is actually Bruce Wayne, Spider-Man is actually Peter Parker. When that character wakes up in the morning, he's Peter Parker. He has to put on a costume to become Spider-Man. And it is in that characteristic Superman stands alone. Superman didn't become Superman. Superman was born Superman. When Superman wakes up in the morning, he's Superman. His alter ego is Clark Kent. His outfit with the big red "S", that's the blanket he was wrapped in as a baby when the Kents found him. Those are his clothes. What Kent wears - the glasses, the business suit - that's the costume. That's the costume Superman wears to blend in with us. Clark Kent is how Superman views us. And what are the characteristics of Clark Kent. He's weak... he's unsure of himself... he's a coward. Clark Kent is Superman's critique on the whole human race. Sorta like Beatrix Kiddo and Mrs. Tommy Plimpton.
The Bride: Aso. The point emerges.
Bill: You would've worn the costume of Arlene Plimpton. But you were born Beatrix Kiddo. And every morning when you woke up, you'd still be Beatrix Kiddo. Oh, you can take the needle out.
The Bride: [does so] Are you calling me a superhero?
Bill: I'm calling you a killer. A natural born killer. You always have been, and you always will be. Moving to El Paso, working in a used record store, goin' to the movies with Tommy, clipping coupons. That's you, trying to disguise yourself as a worker bee That's you tryin' to blend in with the hive. But you're not a worker bee. You're a renegade killer bee. And no matter how much beer you drank or barbecue you ate or how fat your ass got, nothing in the world would ever change that.
*
Kill Bill vol. 2
guión de Quentin Tarantino
Kill Bill vol. 2
guión de Quentin Tarantino
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Lunes/Diálogos
domingo, mayo 03, 2009
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